Los orígenes de Relieve se remontan mucho antes de la construcción de la web, e incluso del catálogo que tenemos expuesto. Nuestra editorial surgió de un encuentro fortuito en el que conocí a Rowland, y que transformó mi vida para siempre. Ese nómada ha representado mi salvación, al resquebrajar una rutina sombría en la que estaba atrapada. Mi hogar y las calles por las que transitaba eran lúgubres, con muros irreductibles, donde no percibía sonidos, texturas ni colores. Y ese incomprendido autor de cuentos infantiles dio un nuevo sentido a las horas que marcan los relojes. El resumen de esa tarde, ya lejana y entrañable cuando lo conocí, lo expreso en el siguiente párrafo:
Antes de despedirnos, resonaba en mi cráneo un débil eco de los párrafos que había leído de una novela titulada Nido de cuervos; que trataba de un joven y atractivo profesor de literatura creativa de la universidad de Granada, que le acusaban de asesinar a uno de sus alumnos. Al cerrar los ojos durante un instante, tuve una premonición de borrosos y nítidos fotogramas de un futuro que ahora es el presente. Me dije a mí misma que ese escritor de novelas, que no había publicado, era especial. Alguien humilde y con la capacidad de escribir una poesía triste y conmovedora, y una narrativa ecléctica, no era común en su gremio. Ahora sonrío, es cierto; pero antes de escribir estas palabras, mi esfera estaba construida de silencio y lágrimas, desesperación y un complejísimo trabajo que ha sido posible gracias a un equipo extraordinario, con el que siempre estaré en deuda por su apoyo, consejos y aportaciones.
Volviendo al pasado, ya pueden imaginarse la breve conversación que tuve. El lugar, una cafetería en la que nos reuníamos personas mayores para hablar de literatura y arte. Ahí estaba Rowland: joven, inocente, letal e inquieto, que manifestaba una templanza impropia a su edad. Era un animal asustado y herido, que ocultaba algunos rasgos de su rostro, a través de la penumbra que había sido esbozada con la luz débil y eléctrica de las lámparas antiguas, de un edificio construido antes de la guerra civil. El exterior de mi cuerpo expresaba una calma aparente y, en el interior, un corazón inquieto bombeaba sangre a un cerebro que aún se pregunta sobre la existencia de Rowland. Entre mis dudas, algunas silenciosas y otras no, me dije que abriría una editorial, y así ocurrió.
Para mi fortuna, no perdí el contacto con ese nómada. Aunque tuvieron que pasar muchos inviernos, pude comprobar su evolución literaria, y que aquella visión no sería un efecto ilusorio. También tengo que admitir que dispuse de un contexto favorable para que pudiera ejecutar mis planes “maquiavélicos”; ya que, al ser Rowland una criatura carente de ambiciones y vanidades, pues lo único que le interesaba era aprender y escribir sus textos literarios, tuvimos el tiempo suficiente para ordenar una parte de su obra.
Para terminar mi relato, dejaré constancia, que los primeros días del año 2017, mi propuesta de abrir una editorial y trabajar juntos en sus textos para su posterior publicación le sorprendió tanto que me miraría intranquilo, y guardó silencio. Sería una confesión aceptable, que no podía creerse. Al final, llegamos a un acuerdo, que ha durado hasta nuestros días; mientras él escribía sus cuentos infantiles, novelas, ensayos, poemarios, cartas íntimas y relatos. Alguien con la calidad y número de páginas que implica dominar géneros literarios tan variados, hay que protegerlo. Por ese motivo, me adentré por el camino de un bosque tenebroso y mágico, y lo hice por Rowland y su obra. Y una vez más le doy las gracias por haber estado a mi lado; ya que afirmo que ese escritor desconocido será citado en los libros de Historia de la Literatura del siglo XXI.
María Isabel Vázquez, editora.
Zaragoza, 27 de febrero de 2024