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CUÁLES FUERON LOS MAYORES

¿Cuáles fueron los mayores desafíos en la segunda parte de Culpable? Que todas las piezas encajasen: la vida de Izan antes de conocer a Inma y la primera vez que la vio, la radicalización que sufriría ese estudiante de instituto o las descripciones de su diosa pagana y el club de la lucha.

¿Quién es Izan? El chico perfecto que nunca seré.

Joder Rowland, no puedes dar esa respuesta en una entrevista… ¿Por qué no?

Lo digo en serio… Y yo te pido que me des la libertad que ahora no tengo.

Está bien, pero que sepas que eres una mala persona… Yo también te aprecio.

Vale, otra pregunta comprometedora, ¿y quién es Inma para ti? La chica que nunca estará a mi lado.

¿Hay mujeres así de guapas en la Tierra? Sí, existen mujeres así de guapas y de especiales.

¿Y tu ex de verdad que te ha dejado?

¿Aun sabiendo que ella ha sido el molde para describirla?

No la entiendo… Es complicado.

Vale, volvamos a entrar a esfera literaria, ¿cuál ha sido la escena más difícil de escribir en la segunda parte de Culpable? La del club de la lucha.

¿Cuándo Izan se enfrenta al albino?

A mí, me encanta el capítulo 15, cuando finaliza la pela, y describes la salida del octógono de hormigón y cuando Inma cuida de Izan… Son escenas muy trágicas y románticas. La verdad, que al terminar el capítulo 14 no sabía cuál sería el enfoque y tono, pero al final salieron unas páginas muy tristes y reflexivas.

Los temas que expone en esas páginas intimidan en un sentido que va más allá de lo académico y literario… Son temas universales que estudian las emociones humanas que estructura nuestra naturaleza y comportamientos; por esos motivos, el miedo, la tristeza, el amor, la locura, el desprecio, la violencia o la culpabilidad y la redención, pero también el sexo, el poder, la lealtad y la familia han sido variables que han utilizado escritores y poetisas durante miles de años.

¿Qué dirías de Izan e Inma? Que tuvieron una conexión única y tan auténtica que le llevaron a hacer locuras.

La verdad que es una historia de amor y tragedia… Al contrario, no hubiera funcionado. ¿Una relación perfecta, presentando a Inma, una buena chica de padres millonarios que la cuidan y que la quieren? ¿Y a Izan, un estudiante de notazas que nunca infringirá una sola norma social?

Ya, la verdad que así la lectura se hace muy atractiva y agradable… Esas eran algunas de mis intenciones.

¿Qué nos puede decir de las reflexiones de Izan? Que lo hacen un chaval más interesante.

¿Qué te motivó a incluir escenas tan violentas en Culpable? Que le aportaría a la historia el ingrediente que faltaba para que fuera coherente, porque Inma pertenecía a una de las tribus más violentas de Europa con las derivadas y consecuencias que conlleva.

¿Esa violencia es un reflejo parcial de tu vida? Podría decirse que sí, pero también me he basado en algunas películas y comics.

¿La violencia es inevitable? En ocasiones en inevitable.

¿Y es verdad, que quien sabe pelear nunca busca problema? En la 99 % de los hombres que tienen formación militar o entran deportes de contacto, nunca buscan problemas, los solucionan.

Sin Inma, ¿qué valor tendría Culpable? Ninguno. Sería una novela bien escrita, en incluso muy bien escrita y con una gran profundidad psicológica por el personaje del presidente, pero carecería de esa magnitud narrativa y trágica que a portada Inma a las páginas de Culpable.

Pues no lo voy a discutir, sin Inma Culpable sería una novela… Muy diferente.

Las feministas no se sentirán ofendidas… Yo apostaría mil euros que Carla Galeota o Sindy Takanashi, si se ofenderán.

¿Pooor? Porque Inma es una atractiva neonazi.

Sí, pero al final, reniega de su ideología política y pensamientos filosóficos… Es cierto, Inma reconoce que algunos de sus planteamientos son erróneos.

Bueno, ya les rebatirá y las dejará en ridículo. Ahora me interesa más, la descripción de Inma y de sus amigas cuando Izan las ve por primera vez, es una pasada… Esas frases salieron sin grandes reflexiones, y no ha tenido una sola corrección.

Y ya para terminar este bloque, ¿podrías leer los siguientes párrafos, porfa?

 La noche que la vi por primera vez, no supe que era una deidad maldecida, hasta que ya sería tarde. No percibí el peligro que había en ella, y sí una fragilidad y belleza que han alterado mi percepción del arte y la literatura, que me inquieta incluso cuando escribo estas palabras. No supe que había sido bendecido por una mujer desconocida que me amaría hasta rechazar sus creencias filosóficas, admitiendo sus pecados y errores.

 Esa misma noche, pregunté en silencio quién era y cuáles serían las letras de su nombre, mientras observaba desde la distancia a una mujer inalcanzable que mostraba sus colmillos al reír. Ella no hablaría con un mortal que envejece sin poder evitarlo, hasta que sus restos sean cenizas y oraciones olvidadas.

Sus amigas pertenecían a la misma tribu de hechiceras y poetisas. La más alta tenía la apariencia de una estatua griega con sus pechos y hombros cincelados y la mirada de una reina guerrera. Judith era la más imperfecta, con sus gafas de diseño y sus tejanos de un azul oscuro y provocativo. Inmóvil me observaba, quizá advirtiéndome que no me acercase, que moriría al instante. Ruth era la más callada, Cloe la más informal e inconformista, y la chica con rasgos de los bosques del norte desafiaba mi comprensión literaria y de la realidad.

Eran copias idénticas y opuestas que habían surgido de distintas novelas y series de Netflix. Y ahí estaba Inma, inalterable, perfecta y triste. Nadie que hubiera leído las páginas de Stephenie Meyer, negaría que es una Cullen. Su actitud y frialdad, la belleza extrema que ya he descrito, su templanza y ropas. El posicionamiento en la sociedad o sus recursos económicos, indicaban que era diferente al resto de estudiantes de su edad. Aun así, en su habitación jamás encontré una mínima muestra de su locura, pero sí de su inmortalidad.

Noly Salgado, editora.

                                                                                                                                                                                                 Denia, 22 de abril de 2024

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